Échale microbios a la historia de La Feria
Manuel Pérez Castell Diputado de España por Albacete E-mai: manuel.pcastell@diputado.congreso.es http://pcastell.blogpot.com
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En estos maitines feriales, permitirá Aurelio Pretel que le eche yo microbios a la historia de Albacete, y también Antonio Selva, que dirige la institución Centro de Estudios Albacetenses, aprovechándome de don José Salustiano Serna, que se permitió el lujo de echárselos a La Feria, y con el permiso más encarecido de don José Sánchez de la Rosa, Ilustrísimo Cronista de la Villa. La historia de Albacete está referida en la historia de sus años feriales. Ciertamente a los años pasados: desembarcados los siriofenicios en Guardamar del Segura, desde Ibiza, camino de Cádiz, al cruzar esta seca tierra, La Mancha, descubrieron un llano, al que desde distintos horizontes se accedía. A ese lugar dieron el nombre de Albaçit y establecieron una feria. Albacete es una Feria, el centro comercial del Llano. Esta ciudad, comercial de excelencia, se vio beneficiada por el tren, que vino cargado de bilbaínos con sus valijas de Calle Ancha. Tren, luces, cinematógrafo, Teatro Circo, Comercio siempre, consiguieron el título de Gran Ciudad, porque no habían cesado de forjar los lugareños acero de navajas y parques empresariales, que hicieran de Albacete el principal encuentro logístico entre el centro de España, y Andalucía, camino del Sureste. No lejos pasaba la conexión Lisboa-Valencia. Los albaceteños consiguieron que las mercancías entre ambos puertos también pasasen en tren por Albacete. Todo esto desde aquel hallazgo fenicio y por la genética emprendedora que inocularon a este lugar del Llano. Hemos de impedir la blasfemia de convertir La Feria en sólo fiesta. Alboroques ha de haber: los imperativamente organizados por la ley del comercio: un apretón de manos, firma del negocio, ha de celebrarse con holganza ociosa. La Feria es Comercio y Celebración del Comercio, para que no se rompa la venta. Esta microbiótica histórica es prefacio de una exhortación: El espléndido ferial de Albacete, construido de correprisas sobre el diseño de Carrilero e inacabado por penuria económica, ha de completarse: Uno: acabando de ejecutar el proyecto inicial. No puede consagrarse sólo una parte del todo. Lo hecho es el comienzo, por cierto que no haríase mal con recuperarlo, pues ha sido usado con vandalismo, para satisfacer con premura necesidades sobrevenidas. El recinto ferial concebido es bifronte: acoge a quienes por las puertas (no sé por qué se cambiarían las isabelinas), entran, y el mismo recinto, concebido en un principio, saluda, a quienes desde sus alrededores vienen. La falta de esta cara exterior es una tara de nacimiento. Dos: El recinto, a su vez de completarse, ha de legitimar a sus vástagos parques empresariales. En la municipalidad de Albacete, hoy, existen complementos de modernidad que no pueden quedar sin legitimación ferial: Parques empresariales Romica y Campollano, efectivos museos de la empresa familiar, de la logística comercial; Parque Científico y Tecnológico de Albacete, el que da valor añadido y contemporaneidad a nuestro comercio. El Parque tiene el marchamo universitario, al igual que el acero de nuestras navajas; Parque Aeronáutico y Logístico, que ha creado para Albacete un ir y venir triangular (Albacete, Munich, Marsella) en lo que es la industria aeronáutica: la más potente por producción, investigación y proyección; Parque del Hidrógeno: en Albacete se está llevando a cabo la investigación más pionera sobre la pila de hidrógeno, que concluirá en que la energía de nuestros motores la suministre el agua. Esta es la macrobiótica del porvenir. Si Albacete es una Feria, dejemos a París siendo una Fiesta, ha de reconocer a sus vástagos y sentarlos a celebrar La Feria de Septiembre. Tres: dado que el Júcar es nuestro río, tal vez es hora de tomarse en serio el área metropolitana que el río Júcar delimita en torno a Albacete: juntos seremos más.
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